Poesías de Pascua

Lope de Vega
Pastor que con tus silbos

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?




Anónimo
No me mueve mi Dios para quererte

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


Pedro Casaldáliga
HAMBRE DE TI

«Amor de Ti nos quema,
blanco Cuerpo».

Unamuno
Hambre de Ti nos quema, Muerto vivo,
Cordero degollado en pie de Pascua.
Sin alas y sin áloes testigos,
somos llamados a palpar tus llagas.

En todos los recodos del camino
nos sobrarán Tus pies para besarlas

Tantos sepulcros por doquier, vacíos
de compasión, sellados de amenazas.

Callados, a su entrada, los amigos,
con miedo del poder o de la nada.

Pero nos quema aun tu hambre, Cristo,
y en Ti podremos encender el alba.


Rubén Darío
Soneto Pascual

María estaba pálida y José el carpintero:
Miraban en los ojos de la faz pura y bella

El celeste milagro que anunciaba la estrella
Do ya estaba el martirio que aguardaba el Cordero.

Los pastores cantaban muy despacio, y postrero
De un carro de arcángeles que dejaba su huella
Apenas se miraba lo que Aldebarán sella,
El lucero del alba no era aún tempranero.

Esa visión en mí se alza y se multiplica
En detalles preciosos y en mil prodigios rica,
Por la cierta esperanza del más divino bien,
De la Virgen, el Niño y el San José proscripto;
Yo, en mi pobre burro, caminando hacia Egipto,
Sin la estrella ahora, muy lejos de Belén.



Acuérdate de Jesucristo
Lucien Deiss

Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos.
Él es nuestra salvación,
nuestra gloria para siempre.

Si con Él morimos,
viviremos con Él.
Si con Él sufrimos,
reinaremos con Él.

En Él nuestras penas,
en Él nuestro gozo.
En Él la esperanza,
en Él nuestro amor.

En Él toda gracia,
en Él nuestra paz.
En Él nuestra gloria,
en Él la salvación.


Quédate con nosotros
Juan Antonio Espinosa

Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo.
Quédate.
¿Cómo te encontraremos
al declinar el día
si tu camino no es nuestro camino?.

Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo.
Quédate.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres
si no compartes nuestra mesa humilde?

Repártenos tu cuerpo
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo.
Quédate.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro
y al sol abrirse paso por tu frente.

Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Quédate con nosotros.
La tarde está cayendo.
Quédate.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu.
Y limpia en lo más hondo
del corazón del hombre
tu imagen empañada por la culpa.

Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo.
Quédate.


Resucitó
Kiko Argüello

Resucitó, resucitó,
Resucitó, ¡Aleluya!
Aleluya, aleluya,
Aleluya, ¡Resucitó!

La muerte,
Dónde está la muerte,
Dónde está mi muerte,
Dónde su victoria.
Resucitó, resucitó,
Resucitó, ¡Aleluya!

Gracias,
Sean dadas al Padre,
Que nos pasó a Su Reino,
Donde se vive de Amor.

Resucitó, resucitó,
Resucitó, ¡Aleluya!

Alegría,
Alegría, hermanos
Que si hoy nos queremos,
Es que Resucitó.



La Muerte No Es el Final
Cesáreo Gabaráin

Tú nos dijiste que la muerte
No es el final del camino,
Que aunque morimos no somos,
Carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
Nuestro destino es vivir,
Siendo felices contigo,
Sin padecer ni morir.

Cuando la pena nos alcanza
Por un hermano perdido,
Cuando el adiós dolorido
Busca en la Fe su esperanza.
En Tu palabra confiamos
Con la certeza que Tú
Ya le has devuelto a la vida,
Ya le has llevado a la luz



CREEMOS EN CRISTO RESUCITADO
P. Loidi
Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en la vida,
¡para siempre!
Puesto que Cristo ha resucitado
no creemos en la muerte.

¡En ninguna muerte,
para nadie que quiera vivir!

Puesto que Cristo ha resucitado,
creemos que el hombre
es un proceso ilimitado
y que nada de lo que podamos imaginar
es demasiado grande para El.

Puesto que Cristo ha resucitado
podemos empezar una vida nueva
cuanto antes!

Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en El.
Puesto que Cristo ha resucitado
la fuerza del presente
es el futuro.

Puesto que Cristo ha resucitado
el mundo está en marcha
y no lo detendrán las conquistas
ni los intereses de los vencedores.

Puesto que Cristo ha resucitado
estamos en revolución permanente
y es preciso cambiar el mundo
desde sus cimientos.

Puesto que Cristo ha resucitado,
hay que construir una ciudad sin clases,
donde el hombre no sea lobo para el hombre
sino compañero y hermano.

Puesto que Cristo ha resucitado
hay un amor y una casa ¡para todos!

Puesto que Cristo ha resucitado
creemos en una Tierra Nueva.

Y porque creemos y esperamos
no tenemos nada que conservar.

Y afirmamos que el mejor modo
de conseguirlo todo
es perderlo todo
por una sola cosa:
Por TI


Briguy28
Deus Vult

Termina tu cena y llénate bien
Preparándote para la cruz en el cerro

Traicionado y negado, azotado y atado a un árbol
Tómate un momento para reflexionar en Getsemaní
Intentaste decir que cada hombre era tu hermano
Pero pronto, morirás frente a tu

Te vitorearon al amanecer, gritaron tu nombre desde las vísperas
Ahora, te maldecirán al mediodía mientras te colocan entre ladrones

Toma la punta de la lanza y la corona, el insulto y el clavo
Sobrevive hasta el final, para que el Diablo fracase

Barrabás se alegrará, Pilato se preguntará
Todas las masas observarán hasta escuchar el trueno

El velo se rasgará y el sol se oscurecerá
Mientras el pánico se instala como en los días del Arca

Dirás "¡Todo está consumado!", pero eso no será todo
Soportando el horno, perdonando nuestra Caída

Creyendo los rumores, irán a tu cueva
Pero al tercer día, ya no es una tumba

No te tocarán más, eras demasiado bueno para nosotros
Aún así viniste, una vez más, y nos hablaste así:
"Id, ayudando a los demás, y no os aflijáis.

Bienaventurados los que no han visto y, sin embargo, creen."

El burrito de Belén

Por Laura Aguilar Ramírez
Cuento para Domingo de Ramos



Un buen día, en Belen, una burra gemía lastimeramente. Estaba sóla, su amo no le había dado de comer por habersele olvidado.
Su amo era posadero. Los negocios no iban muy bien que digamos. Las hospederías abundaban en ése tiempo. Continuamente escuchaba la burra a su amo recordar con melancolía los tiempos en que sus ancestros iniciaron el negocio.

Hablaba del Rey David con gran entusiasmo. El había escuchado del Gran Rey de boca de su padre y éste a su vez, de boca del suyo.

Pero el esplendor de la aldea donde nació el Rey David y que era visitada por ése motivo había pasado a la historia. A las personas ya no les interesaba mucho conocer donde había nacido, ahora iban en multitudes hacia Jerusalen, la gran ciudad donde el Templo construido por el hijo del Rey David lucía altivo y gigantesco.

Sólo algunos peregrinos que pasaban por el lugar se hospedaban ahí.

Ahora su amo estaba feliz. Se había ordenado que cada persona se dirigiera al lugar de orígen para ser censados. Muchos llegaron a Belen. Y su amo andaba trajinando de aquí para allá con la hospedería llena. El poblado hervía de personas llegadas de todas partes.

Una noche vió entrar al establo a la mujer más bella que recordara haber visto, venía acompañada de un hombre que parecía cansado. Ella esperaba un bebé.

Escuchó decir al hombre muy apenado, que lamentaba no poder brindarle un mejor lugar a la mujer. Pero ella, sonriendo dulcemente le dijo que era el lugar más maravilloso porque estaba a resguardo y su bebé también. Esa noche, el establo se llenó de una luz enceguecedora. La burra no temía desde el momento en que había visto al hombre que le había anunciado algo tan bonito para su borrico.

Cuando la luz desapareció, el gorgojeo de una voz de bebé se escuchó en el establo. Un hermoso bebé reposaba en los brazos de su madre.

El hombre tomó el pesebre donde la burra y el buey del amo tomaban sus alimentos, lo limpió y lo cubrió con heno fresco. Sobre el heno puso una manta. Y en ella colocaron al bebé.

El buey y la burra no salían de su asombro. Todo era tan irreal, tan luminoso y a la vez tan hermoso que sólo acertaban a mirar lo que sucedía.
Al poco tiempo, llegaron unos pastores que se inclinaron ante el bebé y lo aclamaban.

La mujer y el hombre permanecieron en el establo porque no podían viajar dado que el bebé era muy pequeño.

Otro día, vieron con asombro llegar una gran caravana con camellos, caballos y elefantes. Tres hombres vestidos ricamente se acercaron al humilde establo y al igual que los pastores habían hecho antes, se inclinaron ante el bebé y lo aclamaban.

Al retirarse la mujer, el bebé y el hombre, todo quedó como a oscuras. La burra estaba triste.

Pero un gran resplandor volvió a brillar en el establo. Un bello hombre se acercó a ella y con suave voz le dijo: "no te preocupes. Todo estara bien. El burrito que pronto darás a luz, tendrá un gran destino. Tendrá una gran misión." La burra se puso feliz. Si ella había visto maravillas, ¿Qué vería su borrico?

Una noche, nació el borrico. Era hermoso con su pelaje sedoso y sus grandes ojos abiertos como luceros.

Han pasado 33 años de éstos hechos. La burra ha fallecido ya.

Un hombre ha llegado a la casa del hombre a quien su borrico fué vendido. El ahora burro es robusto porque ha sido bien cuidado. Pero aún espera saber cuál es la que sería tan maravillosa misión, porque hasta la fecha, todo ha sido comer, trabajar, llevar de un sitio a otro a los distintos amos que ha tenido.

Ha estado en varios lugares. Ha servido a varias personas: un panadero que lo ocupaba para cargar el trigo con el cual hacía el pan. También ha servido a un carpintero que lo usaba para cargar la madera con la que hacía sus muebles. En fin.. pero no ha sabido aún cuál era la hermosa misión que su madre le había dicho.

Su amo se acercó a él y acariciándole el lomo le dijo que sería llevado para servir a un Rey, mejor dicho al Rey de Reyes.

¿Yo? pensó el burrito ¿yo sirviendo a un gran rey? Seguramente ésta es la misión que me dijeron de bebé. Jijau jijau
El burrito vió entonces al rey. Y lo reconoció. Esos ojos tan hermosos no los había olvidado. Estaban llenos de ternura, de amor. Eran los mismos ojos con que un bebé en un establo lo había mirado cuando yacía al lado de su madre.

El rey lo acarició y le dijo: "me alegra verte, querido. A llegado el momento de tu gran misión"

Y subiendo en él, avanzó hacia la gran ciudad Jerusalen. El burrito iba feliz, trotaba con la cabeza levantada, sabiendo que ningún otro burro tenía ése gran honor. Y si lo habían tenido, el suyo era más grande.

La gente a su lado, levantaba palmas y aclamaba al Rey. El burrito sentía salirsele el corazón por tan gran honor. La gente ponía mantos al paso del Rey. El burrito pisaba sobre ellos como si pisara sobre pétalos de rosa.

Al llegar a una posada, el burro fué atado al poste. Su corazón no soportaba estar lejos de ésos ojos que con tanto amor lo habían mirado.

Esa noche, el burro falleció. Tendido en el establo, su corazón se detuvo. Ya nada había más qué hacer. Después de haberlo montado tan gran Rey, nadie más volvería a hacerlo.

Poesías de Semana Santa



JUEVES SANTO
Por Alvaro Alcalá

¡Oh Hermandad del Preso
Que sientes tu fe con fuerza
Que a Jesús llevas a hombros por eso:
Por raíces,por amor, con pureza,

Al ver, Jesús, tu trono
Llevado a hombros con destreza.
Al ver tu imagen, Jesús, añoro
Tantos años sobre mi cabeza.

Y el Jueves se viste de lirios,
En su atardecer, los tambores suenan,
¡Que dicha! Procesionar a Jesús Preso
¡Que dicha! Pues mi alma se altera
Con tantas luces, candelabros y cirios.

Hermanos del Preso, ¡arriba!
Elevad a Jesús con fuerza,
Hoy, nuestro Paso me inspira
Grandeza, honor y saeta
Y la pasión en mi pecho inscrita
Con perfume de clavel
Y aroma de violeta.

Jesús, hoy es tu gran Día,
Pues aún relumbra más que el Sol,
Yo tengo mi fente fría
De ver el Santo Jueves en su esplendor,
Con tu presencia todavía.

Pues me has dotado de razón,
De fe y de alegría
Y animado el corazón.



ASÍ SE PRENDE A JESÚS
Por J.M.D.R.

Jueves Santo por la noche
Jesús Preso va caminando
la Virgen lo sigue de cerca
su Amargura está llorando.

Judas traidor se reúne
con el Imperio Romano
traman prender a Jesús
al besar su Rostro Santo.

Treinta monedas de plata
es el precio estipulado
caminan al son de cornetas
tambores y abanderados.

Buscan todos al Galileo
que en el huerto está orando
se lo llevan maniatado,
ofendido y ultrajado.

El Prendimiento sigue su curso
burlas, desprecios romanos
las figuras bíblicas inmóviles
contemplan tal espectáculo
y acercándose al Rabí
amarrado y humillado
también ellas lo saludan
y realizan "el descaro".

El pueblo expectante asiste
a tan emocionante teatro
el paseo de Moriles se ve
todo abarrotado, de gente
que en silencio lleva, su
propia cruz a su calvario
y con mucha fe a su Preso
pide fuerza para sobrellevarlo.

Judas malvado se marcha
en medio de los Romanos
su conciencia le da gritos
"traidor, traidor, desgraciado"
¿Como pudiste entregar
a un Inocente Callado?

Y se pierde en el mismo olivar
en que Jesús había orado
para acallar su conciencia
con llantos desconsolados
y sin poderlo conseguir,
acaba a un árbol colgado.

Judas maldito y perverso
que vendiste a tu Maestro
y a pesar del daño causado
ante tu asombro y tristeza
bien te sabes perdonado
por el Rey de los Judíos
al que tu has traicionado



VIRGEN DE LA SOLEDAD
Anónimo

¿Donde vas Virgen de la Soledad,
tan hermosa y peregrina?

Me han convidado esta tarde
que voy a ser la Madrina
en el bautizo de un Ángel.

Lleva una soga a la garganta,
y otra lleva en su cintura
y otra en sus manos santas,
son tan fuertes sus ligaduras
que hasta las piedras se quebrantan.

Bella flor de la hermosura,
Virgen de la Soledad,
nardo y jazmín,
y tallo de la blancura.
Nació la primera Saeta
al pie de la misma Cruz
y se envolvió en un suspiro
de la madre de Jesús.

Viernes Santo por la noche
de la capilla salió
un lucero muy brillante
echando la bendición.

Virgen bonita y gitana
que tienes nuestro cariño
y eres nuestra soberana
y no llores más...que tu Niño,
va a resucitar mañana.

A Tí la Cruz te han "cargao"
sobre los hombros divinos
tu cuerpo no se ha "doblao"
que un ángel del cielo vino
y su peso te ha "aliviao".

Virgen de la Soledad
¡Ay que Virgen tan bonita!
se deslumbra uno al al mirarte
y el corazón le palpita
Virgen de la Soledad.




AMARGURA
Por Eduvigis Jerez

Porque sale la Amargura
hoy Moriles se acelera,
para vivirla por las calles
entre claveles y velas.

La Virgen de la Amargura
la gente se asoma a verla
un repique de Rosarios
harán las mujeres buenas.

Porque pasa la Amargura
la Virgen llena de pena
y van meciendo su paso
con ecos de primavera.

Acompañar a la Virgen
invita la noche clara
a este pueblo Mariano
que Andalucía le llaman
Con orgullo sus santeros
de llevar a la Amargura
caminan a paso sereno
de que la Virgen más pura
acompañe al Nazareno.



JESÚS PRESO
Pregonero Semana Santa de Puente Genil, 1989

Santeros, templad el paso
que no os canse la fatiga
que Jesús camina preso,
entre saetas y vivas.

Santeros, templad el paso
que no embargue la pena
miradlo con que dulzura
soporta Él su condena.

Que las piedras del camino
se hacen un mar de hinojos,
que las flores palidecen
cuando lo miran a los ojos.

Que las estrellas del cielo
por quererlo contemplar
hicieron que hasta la noche
durará unas horas más.

Que hasta frenaron el vuelo
las alegres golondrinas
queriendo besar el suelo
por donde Jesús camina.

Santeros. templad el paso
que no os agobie el peso
que en Moriles sobran hombros
para llevar a Jesús Preso.




VIERNES SANTO
Por Eduvigis Jerez

Viernes Santo en la mañana
cuando sale el Nazareno
la Virgen de los Dolores
que es joya de nuestro pueblo.

Las calles están llorando
las piedras se están moviendo
con emoción las personas caminan
para el paseo donde espera La Judea,
a Jesús humilde y bueno
y se celebra el Pregón
tradición de nuestro pueblo.

Pilatos da la sentencia
y cayendo el Nazareno
en manos de los traidores
lo pasean por el pueblo.

Lo llevan a latigazos,
amarrado y azotado
siendo el mejor de los Hombres
el Rey del Género Humano.

Con su poder resucita
y nos viene perdonando
Su Madre viste de negro
y cambiándose de blanco,
vuelve a recorrer las calles
noche del Sábado Santo,
y llorando de alegría
a todos nos va mirando,
y nos dice conmovida

que en el cielo está esperando,
y la gloria prometida
nos dará Su Hijo Amado.




VIRGEN DE LA SOLEDAD
Por Eduvigis Jerez

Viernes Santo.Viernes Santo
cuando va la Soledad
destrás de Su Hijo Amado
que va dentro del Sepulcro
con el cuerpo destrozado.

Ella va en su Soledad
con la corona en la mano
corona que las espinas
a su Hijo le clavaron
en su divina cabeza
siendo el Dios de los Humanos.

El Rey de cielos y tierra,
el Dios dulce y soberano,
El que tiene la verdad
y la justicia en la mano.

La Virgen en su Soledad
camina triste llorando
con lágrimas de amargura
las calles pasa regando,
escuchando los tambores
que van marcando su paso.





LA VIRGEN DE LA AMARGURA
Por Eduvigis Jerez

La Virgen de la Amargura
en noche de Jueves Santo
a las calles de Moriles
va cubriendo con su manto.

Es noche primaveral
noche santa, noche pura
cuando el pueblo se desborda
por ver pasar a la Amargura
que en hombros de sus santeros
va luciendo la corona
que sus hijos le pusieron
porque saben que perdonan
las culpas que cometieron.

Claveles y gladiolos
lleva llorando su pena
la Madre más comprensiva

la más Casta y la más Buena.

Ella bendice a éstos hombres
que con humildad la llevan
al compás de los tambores
y al repique de cornetas.

La noche del Jueves Santo
cuando la Virgen se encierra,
la luna que está en el cielo
niega la luz a la tierra
porque se oculta la rosa
más bella de primavera.





EL MANTO DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES
Por Eduvigis Jerez

Que bonita vas María
con tu pena y sentimiento,
con ese manto bordado
que va luciendo tu cuerpo;
tu cuerpo de Virgen santa,
tu cara sol y lucero,
tu pie de nardos y rosas,
tus manos de terciopelo.

Ese manto fue bordado
con mucho gusto y estilo
para pasar por las calles
de tu Moriles querido.

Porque bien sabes María
que este pueblo mariano
te reza con devoción,
y cuando besan tu mano,
entre tu pena y dolor,
lo dejan todo encerrado.

Bendice s tus hijas Madre,
que tu manto lo han bordado
con voluntad y con esmero,
para verte tan hermosa
por las calles de tu pueblo.







SILENCIO
Por Eduvigis Jerez

Silencio, mucho silencio,
que está dormido el Señor,
cuidado no se despierte
que se ha dormido de amor.

Se ha dormido en un madero
para salvar al pecador.
La herida de su costado,
de las espinas el dolor,
como lirios morados
al consumar su pasión.

Quisiera mi Nazareno
que mis culpas se volvieran
pétalos de rosas blancas,
azahar en la primavera...
azucenas perfumadas,
claveles y madreselvas...

Que tu amor no me abandone
mi Jesús de Nazarenos,
porque y quiero imitarme
para hacerme también bueno.

Si en la cruz me perdonaste,
¡Dame tu amor Nazareno!





AL STMO. CRISTO EN SU SOLEDAD
Por Eduvigis Jerez

Mi Jesús Crucificado
padre, maestro y Señor
está en tu cruz estampado
el poema del dolor
más grande que se ha llorado.

Porque tu agonía se acaba
entre tiniebla y dolor:
al padre Dios le rogabas
que al terminar Tu Pasión
a todos nos perdonaras...

A tu madre con amor
este mensaje le dabas
¡Que por hijos nos tomaras
dentro de tu corazón!

Siete espadas transpasaban
a tu madre el corazón:
con resignación lloraba
entre sollozos de amor
mientras Tú, Dios, expirabas.



NUESTRA SEMANA SANTA
Por Jesús Angel Doblas Pérez

La Semana Santa
de Moriles es
una representación
de cristos y vírgenes.

El Domingo de Ramos
sale la Pollinita y todo
Moriles con palmas y olivo
la llevan muy bonita.

El Miércoles Santo
sale el Cristo en su Soledad
y la gente en silencio
acompañándolo va.

El Jueves Santo
Jesús va a cenar con
sus discíipulos antes de
que lo vayan a condenar.

Después a Jesús Preso
lo llevarán y su Madre
camina amarga, porque
él sufriendo va.

El Jueves Santo
a Jesús van a prender
por traición de Judas
que por treinta monedas
lo van a vender.

El Viernes Santo
Jesús va al Calvario
con la cruz a cuestas...
y ¡Ya lo están clavando!

El Viernes Santo a
Jesús han azotado
y la Virgen en su dolor
está llorando.

El Viernes Santo
a Jesús han matado
y la Virgen en su Soledad
lo está acompañando.

El Sabado Gloria
Jesús ha resucitado
y la Blanca Paloma
se está alegrando.





EN TU INMENSA SOLEDAD
Por J.M.D.R.

Bendita la idea que tuvieron
el grupo de jóvenes ilusionados
que perteneciendo a las Samaritanas
sus imágenes ampliaron.

Con esfuerzo y voluntad
viajaron hasta Sevilla
para traernos satisfechos
una Nueva Maravilla.

Nuestra Señora de la Soledad,
hermosa Imagen Divina
tienes en Tu rostro la beldad
y en tus manos las espinas.

Tus ojos expresan angustia
y tus lágrimas cristalinas
caen por tu Rostro Santo
mojando como llovizna
tu manto de terciopelo,
que te cubre cuando caminas.

Acompañas como Madre
a Tu Hijo muerto ya,
a manos de unos romanos
que lo crucificaron sin piedad,
y en Tu Inmensa Soledad
te llevan silenciosamente
unos hombres varoniles
que orgullosos y emocionados
te pasean por Moriles.

De Madrid llega tu Cristo
que en solitario vive Su Agonía
el Miércoles Santo tus hermanos
se llenarán de alegría
viendo en la calle "al Crucificao"
que en su triste soledad
camina hasta el calvario
donde su vida acabará.

Blancas capas para llevarte
por las calles de nuestro pueblo
silenciosas y oscuras
que ya huelen a incienso.

Sus tambores escucharemos
hasta bien entrada la "madrugá"
en que encerrarán a este Cristo con respeto y humildad.

Soledad y Crucificado
Crucificado y Soledad
una Cruz y una Corona
para una misma Hermandad.







Jesús es condenado a muerte
Benjamín Sánchez Espinoza, Fr’Asinello (Jalisco/México, 1923)

Et non respondit ei ad ullum verbum. Mateo 27,14
Y no respondió a ninguna acusación. (Mt. 27,14)

Te condenaron a muerte tu silencio y mi silencio.
Las gargantas en tumulto ante el Pretor somnoliento,
lapidaron con sus gritos
el mármol de tu silencio.

Tu mutismo era una estatua de blancura y de misterio…
“¡Habla, Jesús, que te matan!
Arropada en tu silencio la muerte viene volando
entre graznidos de cuervos.

¡Habla, Señor, tu palabra, como un huracán de fuego, salga de tu boca
y queme lo falso de los denuestos!

¿Por qué te quedas callado si eres el Divino Verbo…?”

Lo condenaron a muerte su silencio y mi silencio.
Escupieron las gargantas alaridos a mi miedo.
Al oleaje de gritos
debí levantar mi pecho
-dique de amor y diamante- contra el torrente protervo.
Pero fui arena medrosa que no supo defenderlo.

Debí gritarles:
“¡Judíos, yo soy, yo soy el perverso;
a mí la hiel, las espinas, a mí la cruz y el flagelo!”,
pero se anudó a mi voz
la vil serpiente del miedo.

¡Pastores, por cobardía me mataron mi Cordero:
fue más fuerte que mi amor el ladrido de los perros…!

Lo condenaron a muerte su silencio y mi silencio:
uno, silencio de amor;
otro, silencio de miedo.
condenaron a muerte tu silencio y mi silencio.

Las gargantas en tumulto ante el Pretor somnoliento, l
apidaron con sus gritos el mármol de tu silencio…»¡




Asombro


Luis G. Urbina (México, 1864-1934)

Te bendigo, Señor, en la hora buena.
Te bendigo, Señor, en la hora aciaga.
Te bendigo en el goce y en la pena.
Te bendigo en el beso y en la llaga.

¿Qué sabe el grano mísero de arena,
que en los cantiles de la costa vaga,
del misterio del mar?
Oye que suena.
Lo ve infinito.
Y en su luz se embriaga.

Tú eres el mar. Yo, el átomo.
¡Serena tu inmensidad, Señor!
La muerte amaga mi vida
que de escorias está llena.

Que en mi dócil espíritu se haga tu voluntad.
Bendeciré mi pena,
querré mi angustia,
besaré mi llaga.






Hazme una cruz sencilla
León Felipe (España, 1884-1968)

Hazme una cruz sencilla,
carpintero…
sin añadidos
ni ornamentos…
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.





Mi Crucifijo
Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948)

Sobre mi lecho miro tu faz doliente,
tus brazos siempre abiertos, tu pecho herido,
tu corona de espinas sobre la frente,
y tus labios que lanzan triste gemido.

Que con amor me miras se me figura,
y aunque tus ojos dulces están nublados
leo en el fondo de ellos mucha ternura,
mucha piedad, acaso, con los culpados.

Ámame, Cristo mío, de faz llorosa,
lleva en tu pecho tierno mi nombre escrito.

Tiende hacia mí tu mano siempre piadosa,
tus ojos que se pierden en lo infinito.

Tú que sabes de penas y de amarguras da consuelo a las mías,
¡oh Cristo amado! 
ú a quien sólo yo cuento mis desventuras
 ante tus pies benditos arrodillado.

Y cuando en mi agonía tiemble de frío, 
nadie te aparte, nadie, 
de mi mirada; llevarte entre mis manos es lo que ansío a la postrera,
 eterna, feliz morada.





Mi Cristo de cobre
Alfredo R. Placencia (Jalisco / México, 1873-1930)

Quiero un lecho raído, burdo, austero
del hospital más pobre; quiero una
alondra que me cante en el alero;

Para qué más fortuna
que mi lecho de pobre,
y mi rayo de luna,
y mi alondra y mi alero,
y mi Cristo de cobre,
que ha de ser lo primero…?

Con toda esa fortuna
y con mi atroz inmensidad de olvido,
contento moriré; nada más pido.






Soneto a Jesús Crucificado
Fray Miguel de Guevara (México, 1585-1646)

No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido,

para dejar por eso de ofenderte.

Tu me mueves, Señor:
muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor,
y en tal manera que, aunque no hubiera cielo,
yo te amara
aunque no hubiera infierno,
te temiera.

No tienes que me dar porque te quiera,
porque aunque lo que espero no esperara
Lo mismo que te quiero te quisiera.




A NUESTRA SEMANA SANTA
Anónimo

A nuestra Semana Santa...
A los que han conseguido levantar
de las ruinas un templo.

A los que se merecen un respeto,
por haber llegado antes.

A los que construyen imperios,
y se olvidan de dar de beber al sediento.

A aquellos que hacen de su cofradía
pura burocracia.

A aquellos que polemizan,
sin que exista la polémica.

A aquellos que juzgan,
sin ser juzgados.

A esos del final,
porque nadie les ha hecho un hueco.
A los Santos del Devocionario.
A los que quieren,
y no saben estar.

A los que ni vienen,
ni van.
A las que no se conformaron.
A los que pregonan
A los que organizan.

Al desorden.
A los itinerarios.
A los que entorpecen.
A aquellos que por su furor y coraje,
saben estar presentes en todo momento.

A los que nos comparan.
A aquellos jóvenes,
que ponen todo su entusiasmo e ilusión
para que todo salga bien.

A los saeteros.
Y a todos en general...
que no entienden que eso
es nuestra Semana Santa.

Corona poética a San Vicente Ferrer 6




SONETO.


Por grande le aclamó la Europa entera,
Cual astro de virtud y de la ciencia,
Y honran pueblos y reyes su presencia
Rindiendo culto a su triunfal carrera.

La fe en la religión fue su bandera,
Un poema del bien fue su existencia,
Y al difundir de Dios la pura esencia
Fue de la humanidad digna lumbrera.

No borrarán los tiempos su memoria,
La página inmortal quedó ya escrita;
Su nombre, es el compendio de su gloria,
Cual obra de los siglos infinita.
Cuna le dio un vergel con noble anhelo,
Y goza ya su eternidad, el cielo.
Francisco de P. Gras





Ven a mi mente, espíritu divino,
Dame tu luz y tu celeste encanto,
Para espresar lo que mi pecho siente,
Y alzar mi voz, con religioso canto.
Quiero cantar las glorias de Vicente,
Honrar a San Vicente anhelo sólo:
¡Ojalá los acentos de mi lira
Pudieran resonar de polo a polo!
Mas es débil mi voz, no puede tanto;
Sólo sabré decir, Valencia, en este día,
Que al admirar tu luz y hermoso suelo,
Te llama con placer la patria mía.

¡Feliz Valencia! en cuyo rico seno,
Gracias derrama Dios omnipotente,
Y en ellas arrullaste al ángel bello
Que es hoy tu defensor, al gran Vicente.

¿Qué temes con su apoyo, pueblo mío?
¿No es él siempre el consuelo de tus males?,
¿No ves su brazo sosteniendo siempre,
El rigor de las iras celestiales?...

Tú lo recuerdas bien, Valencia amada,
Citando al rodar la colera del cielo,
Las naciones enteras devastando,
Triste cayó tambien en nuestro suelo.

Por doquiera que va, la tierra ofrece
Muerte y horror, desolación y espanto,
Donde imprime su huella aterradora,
No deja al hombre más que luto y llanto.

Nada se opone a su furor violento,
Las familias enteras arrebata,
Hiere lo mismo al niño, que al anciano,
Cuanto toca su mano, tanto mata.

Valencia llora azote tan terrible,
Su cielo puro le oscurece un velo,
Huyen las gentes a remotos climas,
Y hasta las aves se alejan de su suelo.

Agostadas las flores por la tierra,
Sus brillantes colores no lucieron,
Que el maléfico ambiente emponzoñado,
Su cáliz y corola destruyeron.
¡Bella ciudad! ¿qué fue de tu alegría?
¿Quién al verte diría tu belleza?
La ha convertido la cólera divina
En vasto osario, mansión de la tristeza.

Cual aspectros sus hijos por las calles
Miran al cielo, y a Vicente aclaman,
¡Cuánto aviva la fe su dulce nombre!
¡Cuánto consuelo da a los que le llaman!!!
Llora el enfermo padre, al ver sus hijos
Que ya a dejar en la orfandad postrados.
¿Quién guiará sus corazones tiernos?
¿Quién velará por esos desgraciados?
Vicente sólo es su feliz consuelo,
Pues recuerda el asilo
Que el Santo acogió con fe tan grande,
A éstos que fueron prendas de su amor.
Llora la viuda, al par de joven madre,
En cuyo seno el hijo sonreía,
De él le arranca la muerte inexorable
Y cubre tanto amor la losa fría.

Otro hijo de nuevo le amenaza
Arrebatar la parca en su inclemencia,
Acude al arte, apura sus recursos,
Y vencida se ve la pobre ciencia
¿Quién consuelo dará a esta desgraciada?
¿Qué socorro dará a su hijo amado?
Acude al manantial de San Vicente
Y por la fe, su hijo ve salvado.

¡Eterna gratitud a San Vicente!
¡Eterna gratitud a sus favores!
Corramos a sus plantas, valencianos,
Llevando de la paz las ricas flores
¡Oh! si correr pudiéramos el velo
Que impide ver a Dios omnipotente
Junto al escelso trono soberano,
Radiando gloria veriáis a Vicente.

Él comprende muy bien los corazones,
Y en ellos vierte su cariño tierno,
Y vela desde allí sobre nosotros,
Y ofrece nuestras preces al Eterno.
¡Honor al sacro Apóstol valenciano!
Oiga el orbe su nombre en este día,
Y gentes y naciones venideras
Lo repitan con júbilo a porfía
En su amor, nos mecieron nuestros padres;
En él nuestra esperanza conocemos,
Y a nuestros caros hijos por herencia
Esa piedad y fe les legaremos.

Vicenta Palavicino de Correa.

Corona poética a San Vicente Ferrer 5


TRADUCCIÓN.

¡Dóciles niños! ¡jóvenes doncellas!
Día tan fausto celebrad alegres;
Lleguen al cielo vuestros sacros himnos,
¡Vírgenes puras!

No a ti, Valencia, referir es dado
Cuán fiel Patrono por el cielo electo
Tienes, ni el orbe numerar pudiera
Tantos portentos.

¿Quién, que privado de la luz se aflige?
¿Quién, que lamenta males, que padece
No halla el remedio, que su mano otorga
Pródiga siempre?

Honra del suelo, que fecunda el Turia,
Arbitro fuiste de los grandes reyes;
Tal te ostentaste, cuando al pueblo diste
Ínclito gefe.

Tú la primera piedra colocaste
Del que franquea, monumento vasto,
A la estudiosa juventud su puerta,
Bajo tu auspicio.

Tú, cual el astro refulgente, claro,
Rayos de ciencia derramaste, sienten
Hoy tus patricios de tu númen santo
Vívida llama.

Tú la semilla de virtud austera
Siembras en pueblos entre sí distantes;
Subes al trono del Excelso, y premia
Méritos tantos.

Llega con paso silencioso el cuarto
Siglo, y el pueblo por la fe movido
Himnos entona de alabanza, y canta

Gloria a Vicente.

Jacinto Asenjo.

AL SEÑOR D. JOSÉ ESCRIVÁ,
Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Valencia.
PALINODIA

¿Diga usted D. José? ¿qué significa
Ese vago rumor que el aire llena?
¿Esos carros triunfales
Que Valencia solicita fabrica,
Ese gozo que al público enagena,
Los suspiros que exhala generales,
Esos lienzos que animan los Apeles,
Esas piedras informes
Que algún Lisipo labra,
Qué nos dan a entender? Vaya, decidme,
Pues por mi parte aseguraros puedo
Que de tan grande enredo
No comprendo siquiera una palabra

-¿De veras, Rafael? -Como lo digo.
-¡Pues es una ignorancia delincuente!
¿No sabe usted amigo,
Que esa turba gozosa y delirante
Que se rebulle y grita
y a millones se agita,
Se dispone a millares
Veloz y diligente
A celebrar las fiestas seculares
De nuestro gran patrono San Vicente?

-¡Pues tiene usted razón, he sido un necio!
Y de marca mayor, de gran calibre.
¿Usté es hijo del Cid? -De tal me precio.
-¿Sabe usted que es un cargo de conciencia
Que un hijo de Valencia
Al tratar de su joya más brillante
En su pecho no sienta el entusiasmo?

- Ciertamente que sí. -¡Pues sí es pasmo
Indiferencia tal! -Pero no obstante,
Para borrar tan censurable olvido,
Para estinguirlo de cualquiera modo
Exija usted de mí, me allano a todo.

Una palabra sola y por encanto
Verá usté honrar y enaltecer al Santo.
Poco valgo, señor, nada merezco,
Mas cuanto valgo y cuanto soy ofrezco

-No esperaba yo menos; y pues justo
Ese júbilo encuentra,
Yo me atrevo a esperar que por su parte
Sabrá contribuir. -Con mucho gusto.

¿Hay que avisar que pongan luminarias,
Repartir por las calles papeluchos,
Gacetas espender estraordinarias?
Hable usted, hable usted, pues lo prevengo
Que como soy poeta... vamos tengo
Dineros pocos, más deseos muchos

-No se trata de gastos, ni quería
Su servicio aceptará tanta costa
No señor; más quisiera
Que para el día veinte me escribiera
Alguna cosa en verso. -Por la posta
¡vaya pues, si es la cosa más sencilla!
Le escribiré un poema a San Vicente
Y la historia también... precisamente
Ha mencionado usted mi comidilla.

¡Allí es nada mi musa! En poco tiempo
He escrito dos tragedias,
Un drama aterrador, patibulario,
Veinticinco sonetos, seis comedias
Muy graciosas, muy bellas, muy bonitas
Un romance a las ánimas benditas
Un sainete feroz y un calendario,
Sin contar una serie de entremeses
Originales todos muy estraños.

Más coplitas he ascrito en cinco meses
Que usted podrá leer en muchos años.
-¿Hombre tan fácil es? ¡No es alabarme,
Pero tengo talento.
Dígnese usted escucharme.
Hubo un tiempo feliz en que mi estrella
A rango me elevó de oficinista;
Para mi mente ociosa
Pudiera jamás hacer mejor cosa.

Yo que había adquirido la conciencia
De que no necesitaba
Más luces mi brillante inteligencia
La gaceta leía
Sendos puros fumaba Sin despachar jamás un espediente
Ni poner un estrado; pero un día
Porque no trabajaba
Me dijeron, señor, que no servía.

¡Despotismo mayor! Y en un instante,
Firmo un ministro y me dejó cesante.
¡Ya ve usted qué conducta más estraña!
Cuando el no trabajar ha sido siempre
Una acción meritoria aquí en España.

Después de este preludio
No pudiendo ya ser oficinista
Consagréme al estudio,
De sanguijuela me elevé a jurista.
Y me hablaron de códigos, de leyes,
De ventas, de retractos,
De dotes, gananciales, patrimonios
De dominios, de pactos
Y hasta ¡líbreme Dios! de matrimonios.

Es verdad que al tratado de consorcios
Siguió inmediatamente el de divorcios.
Pero cá, ni por esas; me aburría
Un estudio tan árido, ya entonces,
La luz del genio en mi cabeza ardía
El claustro de Valencia a quien venero
La paciencia que tengo me probaba
Con «estudie usted a Heinecio, lea usted a Cayo
Útil ciencia adquirir podrá en Febrero»
Pero yo no estudiaba ni aun en Mayo.

Porque vamos a cuentas, ¿qué le pasa
Al que examina con afán las leyes
De Najera, de Toro y de Montalbo?
¿Qué llega a conseguir? quedarse calvo
Y la ausencia del pelo
Será una desazón, será una pena
Digo será, porque benigno el cielo
La lección me enseñó en cabeza agena.

Cansado y aburrido
De una ciencia tan árida y penosa
También la descuidé, que no ha nacido
Mi talento, señor, para la prosa.
A impulso de una llama que secreta
En mi mente vivísima brillaba,
De este mundo partí, me hice poeta
Y en alas de mi ardiente fantasía
Raudo crucé por la región vacía.

Del cerro de Helicona hallé atrevido
La inaccesible escarpa,
Y alumno de Minerva protegido,
En un año a lo más he recorrido
El Parnaso español tocando el arpa
Esta mi historia es: digo y completa

¿Cree usted que me falta alguna cosa
Para aspirar al nombre de poeta?
Ni las artes jamás he saludado
Ni un compendio de ciencias he leído
De todo el que estudiaba me he burlado
De todo el que aprendía me he reído.
Ya ve usted que esto sólo,
Me parece que basta y aún que sobra
Para ser buen discípulo de Apolo

Y esto no tiene duda, una gran parte
De los que egercen tan difícil arte
En este siglo, y pasan por muy buenos,
Han hecho lo que yo, ni más ni menos.
¡Con que versos a mí! Los que usted quiera
Aunque debo advertirle que yo sólo
Abastecer podré a Valencia entera
-Pues cuento con usted -Como me asista
El coro de las nueve... Hasta otro rato.

-Que usted lo pase bien, hasta la vista.
Después de este diálogo,
Marché con rapidez hacia mi casa,
Escribí en un papel algunas notas,
Pero al coger para pulsar la lira,
La hallé sin cuerdas, las clavijas rotas.
En este compromiso,
Me pareció preciso
Recurrir al favor del Numen Santo
Que nuestra mente inspira,
Y con fecha del día diez y siete
Le pedí inspiración en un billete.

El día veinte y uno se apagaba
El veinte y dos nacía
Siete hacia lo menos que esperaba,
Y aunque la urgencia aquella me apuraba
El billete de Apolo no venía
Parecióme el silencio un mal augurio,
Y sin más dilaciones
Le escribí cuatro letras a Mercurio,
Con quien tengo bastantes relaciones.

Llegó por fin el día veinte y cinco,
Ya el sol por el ocaso
Iba en busca del día venidero
Cuando la aldaba agitan de mi puerta.
-¿Quién?-Abra usted, soy el cartero,
-¿De Aragón? ¿De Castilla? -Del Parnaso
Antes de concluir ya estaba abierta

Sentí en el alma lo que siente el náufrago
Al divisar el suspirado puerto:
Pagué una carta que decía urgente,
Y jamás ¡ay de mí! la hubiera abierto;
El tenor de la carta era el siguiente
«La tuya he recibido por desgracia,
Y te hablo con franqueza, no creía.
Que cupiera en tu mente tal audacia,
¿Con que tienes valor para llamarte
Alumno de la bella poesía
Vete con esa música a otra parte.

¿Imaginas acaso
Que no hay más que escribir cuatro coplitas,
Para tomar asiento en el Parnaso?
Si no estudiaste, ni aprendiste nada
¿Por qué, osado te atreves
A emprender tan temprano esta jornada?
Si no alumbran los rayos de mi frente
Tu fría inteligencia;
Si oscureció tu mente
Al mirar la alborada de la ciencia
Nacer brillante en el rosado Oriente;
¿Por qué tu audaz razón, necia imagina
Que ha de sentir mi inspiración divina?

Pensamiento tan necio,
Merece mi favor... no, mi desprecio.

Ambiciosa manada de ignorantes
Que de sano juicio estáis a oscuras,
Miserables vencejos
Que vais en pos de tropos y figuras
Como quien anda a caza de conejos
Pedantes que ni amparo
Ni protejo, ni inspiro,
Venales, envidiosos,
Que con tanto descaro
Escribís esos versos tenebrosos
Con tanta interjeción, tanto suspiro.

Que no sabéis salir del diccionario
Por los malos poetas esprimido,
De auras fugaces, perfumadas flores,
Brisas, matices, arroyuelos mansos,
Follages verdes y profundos piélagos,
No os llaméis cisnes porque sois muy gansos
Ni alegres ruiseñores, sois murciélagos
Ni poetas seréis, ni lo habéis sido,
Ni hay uno ¡vive Dios! que lo sospeche;
No vengáis por laurel, de lo contrario
De uno mustio que tengo recogido
He de hacer con vosotros escabeche.

Dejadme en paz y delirad felices,
Y sabed que si alguno se propasa
A venir a las puertas de mi casa
Le daré con la puerta en las narices.
Y tú, más que los otros fastidioso,
(Esto que viene ahora va conmigo)
Coplero parlanchín y revoltoso,
Que mi cólera enciendes
De todo hablando, aunque de nada entiendes
Que así me ultrajas,
Que con toda tu ardiente fantasía,
Ni aun debes escribir para esas cajas
De Pascasio, Lizarbe y Compañía;
Que para no estudiar una palabra
Te pusiste a escribir, no eres poeta.

En tu audacia notoria
Pensarás acercarte hacia mi gloria,
Pero no pasarás de la Glorieta:
Rompe, pues, esa lira desacorde,
Apártala de ti, cese tu canto;
¡No es digno su chirrido impertinente
Del ilustre Vicente
Lumbrera de la fe y Apóstol Santo:
Ingenios tiene Edeta peregrinos,
Que con la ayuda mía
Cantarán sus virtudes,
Lanzando de sus célicos laúdes
Raudales de armonía.

Hombres hay eminentes,
Talentos que yo inspiro, colosales;
Mis manos celestiales
Sabrán ceñir sus inspiradas frentes
De rosas inmortales;
Y si acaso la tuya
Aspira a merecer honra tan alta,
El camino hallará en la huella suya.
Fatiga con estudios tu memoria
Ilustra tu apagada inteligencia,
Porque, sólo las llaves de la ciencia
Facilitan las, puertas de la glorieta:
Esto Apolo me ha dicho, yo quisiera
Escribir; mas no puedo:
Crea usted que lo haría si pudiera;
Como soy de ese Dios muy buen vasallo,
Ato mi lengua, y enmudezco y callo:
Mi vista aparto del celeste templo,
Y a sus deidades plegue
Que muchos sigan mi laudable egemplo.

Rafael María Liern.

Corona poética a San Vicente Ferrer 4



ODA.

Mirad tras largo siglo cuál despunta
El sol hermoso que mi patria espera.
¡Ya resplandece el suspirado día!
Mirad cómo palpita de alegría
La hija noble del Cid, y se engalana
Cual virgen que a los brazos del esposo
Ya inocente y ufana.
De rosa y de laurel y luz ceñida
Su mirada de amor levanta al cielo
Ese sol que lo inflama refulgente
Vuela a decir al estendido mundo
El claro nombre de su gran VICENTE

Por eso en la región del vago viento
El címbalo sonoro
Lanza su grande voz; hierve en las plazas
Clamorosas el pueblo; álzanse altares;
Y al festivo ondear de blanco lino
En prez insigne del VARÓN divino
Resuenan por doquier ledos cantares.

Cantemos: lo que el mundo llama gloria
Relámpago veloz relumbra y ciega
O rayo abrasador truena y devora.

Brilló, tronó, despareció..., ¿dó es ido
Su esplendor o poder? Fue, y ha pasado
Pero bella en su trono inmaculado
Hija del cielo la virtud divina,
Aunque reina ultrajada de la tierra
Eterna la fecunda y la ilumina

¡Oh gran VICENTE! ¡oh patria! ¡oh venturosa
Entre todos los pueblos que el sol mira,
Y con sus largos brazos el mar cierra!
Tú halagada del cielo y la fortuna,
Tú del mundo encantado paraíso
Tú de un FRAILE inmortal egregia cuna.

Mas ¡ay! ¿por qué improviso
Me tiembla el corazón, la lira estalla,
Y se agolpa a mis ojos lloro ardiente?
¿Será ilusión de la agitada mente?
¿Ilusión? ¡ah! no, no, que Dios me inspira.

Callad los que reináis sobre la lira
No digáis que ese sol luce hoy más puro,
Que más suave el céfiro suspira,
Que en medio de vergel de gayas flores
Con su gracia gentil se alza riendo
Valencia entre apacibles resplandores...

¡Ay tristes! que la luz se va estinguiendo
Y llegan ya la noche y sus horrores,
Y en arenal. que moribundo alumbra
El rayo de una luna macilenta,
Mi infeliz patria en dolorosa angustia
A mis pasmados ojos se presenta.

Aun en la sien ostenta
Su corona de flores, más ¡ya mustia!
Aun el manto que el oro ha recamado
Ciñe... pero ¡miradlo! está rasgado
Y tinto en fango vil... ¡oh patria mía!
¡Ay! ¿por qué en temblorosa
Agonía te agitas cual esposa,
Que esposo inesperado, en su alegría
Adúltera sorprende; y desolada
Lanzas grande alarido, cual si atroces
Vinieran sobre ti peste y espada?

Vienen... tiembla... El bramido
¿No escuchas ya de tempestad vecina
Que al mundo anuncia funeral estrago?
De Jaime de Aragón cruza indignada
La adusta sombra por el aire vago:
Grita que se ha encendido
La cólera de Dios... a inmensa altura
Me eleva el númen, y a mis pies la tierra
Miro, y rasgado el velo
Contempla el porvenir un ojo humano.

¡Guay de ti, juay de ti, del océano
Reina altiva y cruel, Tiro avarienta,
En quien hasta el honor es mercancía!
¡Guay de ti, guay de ti, Babel impía,
Que ser la hija de tu, Dios te afrenta,
Y sueñas en ser Dios, de un hombre esclava!
¡Ay de ti, España, que el Señor te amaba,
Y ora estás sumergida
En letargo profundo

Gloria del mundo ayer, risa hoy del mundo!
¡Ay Europa de ti!... desde su trono
Fulgurante en la cúspide del cielo,
Dios inclinó su frente
Y retembló la inmensidad... Al punto
Un ángel, que fue hombre, los espacios
Cruza como relámpago, de gloria
Dejándolos y de su lumbre llenos

Él habla, y siete truenos
Hablan con él: «Temed a Dios potente
Temed y honrad a Dios» ¿qué dice el mundo?
¡Ay!.. ¿qué ha dicho? el infierno se ha alegrado,
Satán a concitado a sus gigantes
La noche por la tierra se derrama
¡Horror y confusión! a hierro y llama

Se alzan luchando gentes contra gentes,
Cual dos mares furentes
Que se arrojasen a chocar, sus olas
Rompiéndose, y revueltas, y bramando,
Aquí el fuego devora, centellando
La espada hiere allá..., ¡Cielos! ¿qué veo?

¿Quién es, quién ese monstruo
Gigantesco y feroz, inmundo y feo?
Desnudo va; en su frente una corona
Sangre y lujuria su mirada empañan,
Hacha que blande, su furor pregona
Hambre y peste sus pasos acompañan.

Ya a hacer trizas los tronos de la tierra
Ya a asolar los altares del Eterno
Y en perpetua discordia y cruda guerra
Va a dar al mundo el caos y el infierno.

A la tierra inclinados desde el cielo
Los ángeles de Dios la miran tristes
Y sobre ella asolada
Y sangrienta y convulsa en su agonía,
Resuena de Satán la carcajada...

Dios santo, que este mundo tan hermoso
Con agua, planta, y flor enriqueciste,
Y con fulgente sol iluminaste;
Tú que al hombre a tu imagen bueno hiciste
Tú que rey de la tierra le llamaste
Tú que por darle el cielo, a tu hijo diste,
¡Salva al mundo y al hombre a quien criaste!

¡Ángeles, que al sonar de liras de oro
Cantáis su nombre santo
En día eterno, en incesable coro,
Por nosotros rogad! Los que en el mundo
De sus pompas humildes triunfadores
Amasteis y sufristeis, y en el cielo
Ya de luz que no muere, estáis ceñidos,
¡Volved los ojos al oscuro suelo,
Somos vuestros hermanos! Y tú, PADRE
De tu dulce Valencia ya olvidado
¿Nos has desamparado?

¿Pues no naciste aquí? ¿Pues no vivías
Entre nosotros, y en virtud y en gracia
Ante los hombres y ante Dios crecías?

El aire que respiro, respirabas;
La tierra que yo piso, tú pisabas;
Esta es Valencia ¿ves? hoy sus dolores
Por festejarte la infeliz esconde,
Y orna si, frente pálida de flores...

Y te llama, y su Hijo no responde;
Le llama en su agonía
Y el se está allá en el cielo... ¡ay! ¡el ingrato!...
Mas ¿qué dije? ¡gran Dios! ¡perdón! perdona
Pero ven: salva a España, salva al mundo.

Tú pasaste por él, y lo alumbraste;
Diste a los pueblos paz, a un rey corona;
En nombre del Señor al mundo hablaste,
Y el oprimido levantó su frente,
E hincaron su rodilla los tiranos,
Y todos ante un Dios justo y clemente
Se sintieron felices, siendo hermanos.

Ven, pues, y no te tardes que el siniestro
Día de horror y luto se avecina;
Mira que ante tu Dios, ante el Dios nuestro
Por siempre reprobada.
España no ha de Ser..., y ¿dó su rayo
Lanzaría de Dios la diestra airada
En esta hermosa tierra, que amó el cielo,
Tierra de Recaredo y de Pelayo,
Toda en sangre de mártires bañada?

¡Ah! no será: tras tempestad sombría
El iris lucirá de la alianza,
Que Dios, si es justo juez, es padre bueno.

¿No visteis estallando
Ronca tormenta en desgarrado trueno?
Rudo granizo arroja y rayo ardiente
Y mares de agua, y brama el suelo tiembla,
Y estremécese pálida la gente.

Mas sobre el nubarrón, que envuelve horrible
Con su medrosa oscuridad el suelo,
Un cielo hay claro, y bello, y apacible,
Y un espléndido sol en ese cielo.

Y Dios da la señal, y en prestas alas
Los céfiros sonando
Lanzan la oscura nube... y centellea
Reapareciendo el sol, y canta el ave,
Y se anima la tierra y se hermosea
A su dulce calor y luz suave.

Así será; tras tempestad sombría
El iris lucirá de la alianza;
Ya la tierna piedad tras la ira impía,
Y al dolor acompaña la esperanza.
A la justicia de su Dios atento,

Mi fatídico númen
Miró del mundo el funeral estrago
Olvidé que era padre; ¡es nuestro padre
El que es rey de los siglos!... Mas ¿me engaña
Sueño feliz de burlador deseo?

Venid presto, corred, cercadme todos,
Decidme, si es que veis lo que yo veo.

Veo un ángel hermoso
En la radiante esfera
Con grandes alas de oro aparecido;
Y es triste, pero tierna su mirada,
Y está sobre Valencia suspendido,
Y leo en torno de su noble frente
Que ciñen rayos de esplendor sereno:
Temed y honrad a Dios que es grande y bueno.

¡Ah-padre! ¡oh gloria nuestra! ¡oh gran VICENTE!
¡Cuánto has tardado, padre! Al fin te vemos...,
Aún nos amas... tus hijos
Te aman también... enjuga, pues, su llanto
Y a sus males prolijos
Pon ya fin; ¡nuestro héroe! ¡nuestro SANTO!
Habla... tu voz nos mande;
Habla ¿qué quieres, di?... ¿lo habéis oído?
Temed y honrad a Dios que es bueno y grande.

ANTONIO APARISI Y GUIJARRO

Corona poética a San Vicente Ferrer


Corona poética a San Vicente Ferrer, en el siglo IV de su canonización, al escritor Fénix del siglo III (29) y a quienes le visitaron en el V.



Aunque dirigida al Fénix del siglo IV, después de cien años llega a nuestras manos la ingeniosa carta de Vmd., entre cuyas líneas bien podemos decir que la urbanidad va con el sombrero en la mano, haciendo cortesías a todos. Por supuesto, al leer el libro de Vmd., experimentamos un sentimiento indefinible, una mezcla de tristeza y alegría. De tristeza, porque pensamos vívidamente en nuestro interior a qué miserable velocidad pasan los hombres sobre la tierra... ¿Y qué decir del señor intendente, de quien tanto se habla? ¿Y del justicia mayor y los magníficos jurados, a quienes tanto aprecia? ¿Y de los poetas, cuyos versos transcribe? ¿Y de las hermosas mujeres, que pisaron con sus pequeños pies las calles arenosas de esta ciudad? Todo se fue, brilló y desapareció en poco tiempo, como la flor de un día o la sombra de una noche. Y no solo damas y caballeros, poetas y jurados, sino hombres ilustrados que llenaron el mundo con su gloria y celebraron instituciones que parecían perpetuas a los ojos de los hombres. El mundo dio un paso adelante y todo, instituciones y hombres, entró en las regiones de la muerte y el olvido. Pero a esta tristeza, que despierta en el alma la lectura del libro de Vmd., se mezcla un vívido sentimiento de alegría inefable; porque en estos días, así como en los mismos días del año 1755, Valencia se conmueve, se regocija y se adorna para celebrar al mayor de sus hijos, a quien el mundo habría dado el nombre de héroe, si la Iglesia no le hubiera dado el hermoso nombre de santo.

El mundo, es cierto, ha cambiado; pero la fe que lo ilumina, la esperanza que lo anima y la caridad que lo hace fructífero aún perduran.
El convento ha desaparecido, pero el fraile inmortal sigue entre nosotros...

Además, nos pareció singular su idea de escribir a los que estaban a punto de nacer; pero puede parecer aún más extraño que quienes vivimos hoy respondamos a una persona muerta. Lo hemos hecho, al menos para que el mundo sepa que escuchamos con respeto y agrado una voz que nos ha llegado a través de un siglo, ensalzando las glorias de Vicente Ferrer.

Su ejemplo era para ser imitado y seguido; y por eso, ocho valencianos, ocho amigos, hemos decidido tejer con las modestas flores de nuestro ingenio una humilde corona, que nos atrevemos a depositar con respetuosa timidez a los pies del Gran Santo.

La formamos solos, no porque desdeñáramos la ayuda de otros poetas que valen más que nosotros, sino porque no creíamos tener suficiente autoridad para invitarlos a trabajar en nuestra compañía; además de saber que los preciosos frutos de su musa verían la luz pública después de los días de las fiestas seculares, y nos impulsaba un vehemente deseo de dar ya en la primera de ellas un solemne testimonio de amor y veneración al Apóstol del siglo XIV. Con esto (confesamos ingenuamente) nos halagaba la idea de consagrar de cierta manera una amistad íntima y probada, reuniendo nuestros versos bajo la protección del tan ilustrado Mecenas; y aún esperamos, no por su valor, que el ingenio sea escaso, sino por la grandeza de aquel a quien van dirigidos, que, superando la corriente de los arios, llegarán al siglo próximo, y nosotros, los ocho valencianos, los ocho amigos, podamos presentarnos de la mano ante vosotros, ¡oh poetas! Que en 1955 veréis brillar de nuevo en el horizonte el sol de las fiestas seculares.

Como nos habló el Fénix del siglo III, nosotros, poetas oscuros, también queremos hablarles. Pero ¿qué podemos decirles? Aquel llenó su carta de agradables nimiedades: bueno, una carta como esta, escrita en los buenos tiempos del Rey de la Paz, del buen D. Fernando VI, ¡habla por sí sola! Pero vivimos en un mundo que aún se estremece con el estruendoso retumbar del trueno, y en días en que la humanidad se conmueve con el gran ruido de las tormentas que la amenazan.

Un hombre llamado Proudhon recorre hoy las calles de París; y otro hombre, cuyo nombre es Alejandro, se sienta en el trono de todas las Rusias. Su padre Nicolás lanzó las águilas moscovitas hacia los minaretes de Constantinopla, y una batalla de gigantes ha comenzado al pie de las murallas de Sebastopol. La Europa de hoy

no es 1755: ¿qué será en el mismo año del siglo XX? Dios lo sabe, a quien nada se le oculta, ni presente ni futuro.

Nosotros, sin embargo, aunque no todos profesamos las mismas opiniones en política, nos atrevemos a decirles que, cualesquiera que sean las alteraciones que la sociedad experimente en su forma e incluso en su esencia; cualquier progreso en las ciencias y las artes; incluso si inician prodigios con vapor y milagros con electricidad, nunca olviden que la existencia del hombre en la tierra es triste y fugaz; que todo vive un instante, excepto Dios, quien es quien es, y reina a través de los siglos; que todo es miserable y atrofiado, con la excepción de los hombres que, animados por el espíritu de Dios, van por el mundo haciendo el bien; excepto las instituciones que, vivificadas por su aliento divino, son las únicas que pueden ofrecer paz, justicia y libertad a los hombres.

A Dios, amigos y compatriotas. Cien años después, esta carta les llegará; oren por el alma de quienes la escribieron. Y sepan que, viviendo en tiempos oscuros y turbulentos, anhelan de corazón días serenos y pacíficos, y ruegan a Dios que los ilumine. Misericordia para los hombres, para que finalmente puedan vivir como hermanos en la tierra santificada por la misma fe, así como está iluminada por el mismo sol.

Valencia, 29 de junio de 1855.

ODA

Nunca de Dios la bondadosa mano
Pródiga siempre de celestes dones,
Castiga airada el proceder liviano
De un pueblo que ha escogido,
Sin que su amor con paternal dulzura
Mitigue la amargura
Del mismo pueblo en el dolor sumido

Nunca al tronar con magestad severa
Su justa indignación, cierra el oído
A la plegaria que con fe sincera
Le eleva el justo que piedad implora;
Pues retira su diestra vengadora,
Y trocando en perdón dura sentencia,
Del suelo mismo que agostó su rayo
Hace brotar con próbida clemencia
La planta bienhechora,
Bálsamo al triste que apenado llora.

¿Oís acaso en tempestad deshecha
Roncos bramar los desatados vientos
Que el mundo en sus cimientos
Parecen conmover? ¿Veis cuál se apiña,
De pardas nubes escuadrón tremendo,
Que arrojan con estruendo
El granito fatal a la campiña,
El rayo asolador que ardiente estalla,
Y el diluvio que hinchando los torrentes
Romper les hace la potente valla?
No desesperancéis: cobrad aliento:
Tras de esa nube que la muerte lanza,
Brilla tranquilo ya en el firmamento
El iris precursor de la bonanza.

¿Veis levantarse con feroz bravura
Pueblos hermanos, que el terrible acero
Revuelven contra sí, y en su locura
El noble pecho de la madre patria
Destrozan sin piedad? ¿Juzgáis acaso,
Al ver que por doquiera
Asaltan del poder los escalones
Bastardas ambiciones,
Que a través de las ruinas se abren paso,
Que no brillará el día
En que la paz levante
Con justo orgullo su pendón triunfante?
¡Oh! creed y esperad. Dios con su dedo
Señala diques a la mar bravía,
Y hoy es tranquilo lago
El que ayer con estrago
Pronto a tragar la tierra parecía.

¡Cuántas veces mi patria idolatrada,
Al borde ya de tenebroso abismo,
Alzó su faz de nuevo coronada
Radiante de poder y de heroísmo!..
. Si el árabe feroz con arrogancia,
Al eco ronco del clarín de Marte,
Pasea su estandarte
De la opulenta Cádiz hasta Francia,
Pelayo con intrépida osadía
Pregonará la bélica cruzada
Que nace en Covadonga,
Y heroica siete siglos se prolonga
Para acabar en la imperial Granada.

Si Mahomad ambicioso,
Fiero el poder del África concita,
Y sus terribles hordas
A los iberos campos precipita,
Las Navas os dirán eternamente
El noble esfuerzo con que Alonso octavo,
Gefe de un pueblo generoso y bravo,
Sabe de lauros coronar su frente.

Si Aragón empeñado
En intestina y desastrosa lucha
Su robusto poder ve derribado;
Si pisadas las leyes,
Mira la patria en hórrida tristeza
Huérfano el trono de preclaros Reyes,
Y alzando la cabeza
Negra ambición en popular bullicio
Que huella la virtud y ensalza el vicio,
Volved la vista al apacible Turia,
Y admiraréis en mi Valencia bella
Al héroe insigne, al orador, al Santo,
Objeto ilustre de mi pobre canto.

Al incansable apóstol
Cuya potente voz robusta truena,
Y del vicio descubre
La repugnante faz de manchas llena:
Al varón eminente,
De caridad modelo,
Que vuela ardiendo de cristiano celo
A socorrer la humanidad doliente...,
Veréis, en. fin, al inmortal VICENTE,
Astro brillante de virtud y ciencia,
Que en los altares la piedad coloca,
Al que Valencia por Patrono invoca,
Al que por siempre ennobleció a Valencia.

¿Quién no siente su pecho
Latir ufano, recordando el nombre,
Del compatricio egregio, en cuya vida
No hay acto que no admire, que no asombre...!
¿Gime apenada en mísero abandono
Desvalida niñez?... VICENTE corre:
VICENTE al niño en su orfandad socorre;
Y ese imperial Colegio, en cuyos muros
Cual tierna planta crece
Y en la virtud florece,
A los siglos futuros
Dirá por siempre el nombre venerado
Del ínclito varón que lo ha fundado.

Si débil joven con amargo lloro
Mira perdido su mejor tesoro,
Y es hoy triste ludibrio
Del seductor perjuro
Que ayer la amó con entusiasmo impuro;
Si busca inútilmente
Donde pueda tranquilo
Latir su corazón, ved a VICENTE:
Su noble caridad le abre un asilo
Bajo sagrado y respetable techo,
Do en silencio profundo
Pueda encontrar su lastimado pecho
La paz ansiada que le niega el mundo.

Tan pronto en el retiro
De celda solitaria
Eleva a Dios su férvida plegaria,
Como en plaza anchurosa
Celoso misionero,
Oye su voz la multitud ansiosa.
Hoy, de los Reyes al consejo asiste,
Mañana le ve el pobre en su cabaña,
Ya vela al lado del enfermo triste,
Ya en cátedra elocuente asombra a España.

En todas partes su incansable celo
Al poderoso su deber predica,
Al pobre presta en el dolor consuelo,
La ciencia al joven con bondad esplica:
Y doquiera querido,
Es doquiera por todos bendecido,
Más que la vuelta del risueño Mayo
Que con sus flores el pensil adorna,
Más que el favor de suspirada lluvia
Que al seco prado su verdor, retorna,
Más que el alba serena
Tras negra noche de nublados llena.

Intrépido arrostrando la fatiga
El héroe generoso
Por sus hermanos su salud prodiga;
Que Dios le colocó sobre la tierra,
Cual bello sol que cuanto más se encumbra
Con más fulgor el universo alumbra.
Si Valencia le debe
Beneficios sin cuento,
El noble Reino de Aragón en breve,
Trocado en alegría el triste duelo,
Le deberá la paz hija del cielo.

La muerte despiadada
Invadió en triste día
El coronado alcázar, y el monarca
Baja a la huesa fría,
Sin que la voz de un hijo
Endulce su agonía.
Vacío el regio trono,
Cien bandos a la vez con fiero encono
Levantan su bandera,
Y con la espada en la irritada mano
Y el odio ciego en el altivo pecho,
Vertiendo sangre con furor insano
Que triunfe intentan su dudoso drecho.

El de Urgel orgulloso
Su injusta causa a los combates fía;
Maquina en sorda intriga cauteloso
El Duque de Gandía;
El que ya de Castilla el solio ocupa,
Con bélica arrogancia.
Crecida hueste a la frontera agrupa,
Y hasta Sicilia y la vecina Francia,
Nueva corona a su ambición buscando,
Mueven ocultas sedicioso bando.

¡Guerra! es el grito que en los aires zumba:
Y a esta voz... que estremece
El pecho de las madres, se enrojece
La devastada tierra,
Y abre anchurosa tumba
A los que llenos de entusiasmo y vida,
Ayer volaban a la lid sangrienta
Osado el pecho y la cerviz erguida.
¡Guerra! y en cada villa, en cada aldea
Por atrevida rebelión alzado,
Un enemigo pabellón ondea.
¡Guerra! y en negro duelo
Gime el hispano suelo.

¿A do van esos fuertes caballeros?...
¿Qué anhelan esos bravos ciudadanos
Que empuñan los aceros
Y vienen a las manos
Cual tigres carniceros?
¿Qué maléfico genio les impele
A redoblar con saña
Los males de la patria harto prolijos?
¿No son hermanos? ¡Ay! ¡la triste España
A todos ellos les llamaba hijos!...

¡Desgraciados! tened: ¡basta de sangre!...
No con negro delito
Queráis manchar vuestros ilustres nombres:
La patria os llama con doliente grito:
Harto fuisteis valientes; sed ya hombres.
No más venganza fiera,
Dad treguas al rencor y oid prudentes
La augusta voz de la razón severa.
¡Ah! por fin la escucháis... Ya en Caspe miro
En consejo supremo congregados
Los jueces, de tres Reinos alta gloria:
Allí nobles señores y prelados,
Allí sabios doctores,
Allí en puesto eminente
Descuella la virtud; allí VICENTE.

VICENTE, Sí; miradle; en su semblante
La paz del justo brilla;
Sus limpios ojos la bondad revelan,
Su noble aspecto la virtud sencilla.
¿Le oís?... Se abren sus labios,
y a su voz elocuente
inclínanse los sabios
Los pechos que latían.
En rencorosa sed de atroz matanza
Laten ya de emoción, no de venganza
Y el cielo, antes oscuro,
Deja entrever tras las preñadas nubes
Su azul hermoso refulgente y puro.
Habla, y Europa absorta
Oye el solemne fallo
Que de Aragón las disensiones corta;
Habla, y el pueblo que en sangrienta lucha,
Cruel se despedaza,
Al enviado del Señor escucha,
Y el hierro suelta, y con ardor se abraza.

Habla VICENTE y la nación entera
Con entusiasmo aclama
Al ínclito FERNANDO DE ANTEQUERA.
VICENTE le proclama
Rey de tres Reinos de esplendente fama.
Su augusta sien, con la diadema adorna:
Y... al claustro luego torna
A ser de nuevo el religioso humilde
Que junto al lecho del enfermo vela,
Y al desvalido asiste,
Y el llanto enjuga y el dolor consuela.

¡Honor al noble apóstol,
Que cual ángel de Dios sobre la tierra
Trocó en grato placer hórrida angustia,
Y en blanda paz la desastrosa guerra!
¡Honor al Dios de pródiga clemencia
Que siempre grande en su bondad fecunda
Hizo nacer en mi gentil Valencia,
En días tristes de ansiedad profunda,
La rutilante estrella
Que con su luz resplandeciente y bella
Al universo de fulgor inunda.
¡Y honor también y duradera gloria
A la celosa Sociedad, que alienta
Con noble premio, en tan solemne día,
Al que en su canto enaltecer intenta
Al héroe insigne de la patria mía!...

¡Gloria, honor, alabanza
Al hijo de Valencia más querido!
Él es el protector esclarecido
En quien mi patria fía su esperanza;
Él fue en la tierra el ángel escogido
A quien debió Aragón paz y bonanza;
Él en el cielo antorcha refulgente
Del mundo guía, del cristiano encanto...,
¡Gloria por siempre al inmortal VICENTE
¡Honor al héroe! ¡Bendición al Santo!

Francisco Monforte