Corona poética a San Vicente Ferrer 4



ODA.

Mirad tras largo siglo cuál despunta
El sol hermoso que mi patria espera.
¡Ya resplandece el suspirado día!
Mirad cómo palpita de alegría
La hija noble del Cid, y se engalana
Cual virgen que a los brazos del esposo
Ya inocente y ufana.
De rosa y de laurel y luz ceñida
Su mirada de amor levanta al cielo
Ese sol que lo inflama refulgente
Vuela a decir al estendido mundo
El claro nombre de su gran VICENTE

Por eso en la región del vago viento
El címbalo sonoro
Lanza su grande voz; hierve en las plazas
Clamorosas el pueblo; álzanse altares;
Y al festivo ondear de blanco lino
En prez insigne del VARÓN divino
Resuenan por doquier ledos cantares.

Cantemos: lo que el mundo llama gloria
Relámpago veloz relumbra y ciega
O rayo abrasador truena y devora.

Brilló, tronó, despareció..., ¿dó es ido
Su esplendor o poder? Fue, y ha pasado
Pero bella en su trono inmaculado
Hija del cielo la virtud divina,
Aunque reina ultrajada de la tierra
Eterna la fecunda y la ilumina

¡Oh gran VICENTE! ¡oh patria! ¡oh venturosa
Entre todos los pueblos que el sol mira,
Y con sus largos brazos el mar cierra!
Tú halagada del cielo y la fortuna,
Tú del mundo encantado paraíso
Tú de un FRAILE inmortal egregia cuna.

Mas ¡ay! ¿por qué improviso
Me tiembla el corazón, la lira estalla,
Y se agolpa a mis ojos lloro ardiente?
¿Será ilusión de la agitada mente?
¿Ilusión? ¡ah! no, no, que Dios me inspira.

Callad los que reináis sobre la lira
No digáis que ese sol luce hoy más puro,
Que más suave el céfiro suspira,
Que en medio de vergel de gayas flores
Con su gracia gentil se alza riendo
Valencia entre apacibles resplandores...

¡Ay tristes! que la luz se va estinguiendo
Y llegan ya la noche y sus horrores,
Y en arenal. que moribundo alumbra
El rayo de una luna macilenta,
Mi infeliz patria en dolorosa angustia
A mis pasmados ojos se presenta.

Aun en la sien ostenta
Su corona de flores, más ¡ya mustia!
Aun el manto que el oro ha recamado
Ciñe... pero ¡miradlo! está rasgado
Y tinto en fango vil... ¡oh patria mía!
¡Ay! ¿por qué en temblorosa
Agonía te agitas cual esposa,
Que esposo inesperado, en su alegría
Adúltera sorprende; y desolada
Lanzas grande alarido, cual si atroces
Vinieran sobre ti peste y espada?

Vienen... tiembla... El bramido
¿No escuchas ya de tempestad vecina
Que al mundo anuncia funeral estrago?
De Jaime de Aragón cruza indignada
La adusta sombra por el aire vago:
Grita que se ha encendido
La cólera de Dios... a inmensa altura
Me eleva el númen, y a mis pies la tierra
Miro, y rasgado el velo
Contempla el porvenir un ojo humano.

¡Guay de ti, juay de ti, del océano
Reina altiva y cruel, Tiro avarienta,
En quien hasta el honor es mercancía!
¡Guay de ti, guay de ti, Babel impía,
Que ser la hija de tu, Dios te afrenta,
Y sueñas en ser Dios, de un hombre esclava!
¡Ay de ti, España, que el Señor te amaba,
Y ora estás sumergida
En letargo profundo

Gloria del mundo ayer, risa hoy del mundo!
¡Ay Europa de ti!... desde su trono
Fulgurante en la cúspide del cielo,
Dios inclinó su frente
Y retembló la inmensidad... Al punto
Un ángel, que fue hombre, los espacios
Cruza como relámpago, de gloria
Dejándolos y de su lumbre llenos

Él habla, y siete truenos
Hablan con él: «Temed a Dios potente
Temed y honrad a Dios» ¿qué dice el mundo?
¡Ay!.. ¿qué ha dicho? el infierno se ha alegrado,
Satán a concitado a sus gigantes
La noche por la tierra se derrama
¡Horror y confusión! a hierro y llama

Se alzan luchando gentes contra gentes,
Cual dos mares furentes
Que se arrojasen a chocar, sus olas
Rompiéndose, y revueltas, y bramando,
Aquí el fuego devora, centellando
La espada hiere allá..., ¡Cielos! ¿qué veo?

¿Quién es, quién ese monstruo
Gigantesco y feroz, inmundo y feo?
Desnudo va; en su frente una corona
Sangre y lujuria su mirada empañan,
Hacha que blande, su furor pregona
Hambre y peste sus pasos acompañan.

Ya a hacer trizas los tronos de la tierra
Ya a asolar los altares del Eterno
Y en perpetua discordia y cruda guerra
Va a dar al mundo el caos y el infierno.

A la tierra inclinados desde el cielo
Los ángeles de Dios la miran tristes
Y sobre ella asolada
Y sangrienta y convulsa en su agonía,
Resuena de Satán la carcajada...

Dios santo, que este mundo tan hermoso
Con agua, planta, y flor enriqueciste,
Y con fulgente sol iluminaste;
Tú que al hombre a tu imagen bueno hiciste
Tú que rey de la tierra le llamaste
Tú que por darle el cielo, a tu hijo diste,
¡Salva al mundo y al hombre a quien criaste!

¡Ángeles, que al sonar de liras de oro
Cantáis su nombre santo
En día eterno, en incesable coro,
Por nosotros rogad! Los que en el mundo
De sus pompas humildes triunfadores
Amasteis y sufristeis, y en el cielo
Ya de luz que no muere, estáis ceñidos,
¡Volved los ojos al oscuro suelo,
Somos vuestros hermanos! Y tú, PADRE
De tu dulce Valencia ya olvidado
¿Nos has desamparado?

¿Pues no naciste aquí? ¿Pues no vivías
Entre nosotros, y en virtud y en gracia
Ante los hombres y ante Dios crecías?

El aire que respiro, respirabas;
La tierra que yo piso, tú pisabas;
Esta es Valencia ¿ves? hoy sus dolores
Por festejarte la infeliz esconde,
Y orna si, frente pálida de flores...

Y te llama, y su Hijo no responde;
Le llama en su agonía
Y el se está allá en el cielo... ¡ay! ¡el ingrato!...
Mas ¿qué dije? ¡gran Dios! ¡perdón! perdona
Pero ven: salva a España, salva al mundo.

Tú pasaste por él, y lo alumbraste;
Diste a los pueblos paz, a un rey corona;
En nombre del Señor al mundo hablaste,
Y el oprimido levantó su frente,
E hincaron su rodilla los tiranos,
Y todos ante un Dios justo y clemente
Se sintieron felices, siendo hermanos.

Ven, pues, y no te tardes que el siniestro
Día de horror y luto se avecina;
Mira que ante tu Dios, ante el Dios nuestro
Por siempre reprobada.
España no ha de Ser..., y ¿dó su rayo
Lanzaría de Dios la diestra airada
En esta hermosa tierra, que amó el cielo,
Tierra de Recaredo y de Pelayo,
Toda en sangre de mártires bañada?

¡Ah! no será: tras tempestad sombría
El iris lucirá de la alianza,
Que Dios, si es justo juez, es padre bueno.

¿No visteis estallando
Ronca tormenta en desgarrado trueno?
Rudo granizo arroja y rayo ardiente
Y mares de agua, y brama el suelo tiembla,
Y estremécese pálida la gente.

Mas sobre el nubarrón, que envuelve horrible
Con su medrosa oscuridad el suelo,
Un cielo hay claro, y bello, y apacible,
Y un espléndido sol en ese cielo.

Y Dios da la señal, y en prestas alas
Los céfiros sonando
Lanzan la oscura nube... y centellea
Reapareciendo el sol, y canta el ave,
Y se anima la tierra y se hermosea
A su dulce calor y luz suave.

Así será; tras tempestad sombría
El iris lucirá de la alianza;
Ya la tierna piedad tras la ira impía,
Y al dolor acompaña la esperanza.
A la justicia de su Dios atento,

Mi fatídico númen
Miró del mundo el funeral estrago
Olvidé que era padre; ¡es nuestro padre
El que es rey de los siglos!... Mas ¿me engaña
Sueño feliz de burlador deseo?

Venid presto, corred, cercadme todos,
Decidme, si es que veis lo que yo veo.

Veo un ángel hermoso
En la radiante esfera
Con grandes alas de oro aparecido;
Y es triste, pero tierna su mirada,
Y está sobre Valencia suspendido,
Y leo en torno de su noble frente
Que ciñen rayos de esplendor sereno:
Temed y honrad a Dios que es grande y bueno.

¡Ah-padre! ¡oh gloria nuestra! ¡oh gran VICENTE!
¡Cuánto has tardado, padre! Al fin te vemos...,
Aún nos amas... tus hijos
Te aman también... enjuga, pues, su llanto
Y a sus males prolijos
Pon ya fin; ¡nuestro héroe! ¡nuestro SANTO!
Habla... tu voz nos mande;
Habla ¿qué quieres, di?... ¿lo habéis oído?
Temed y honrad a Dios que es bueno y grande.

ANTONIO APARISI Y GUIJARRO