SONETO.
Por grande le aclamó la Europa entera,
Cual astro de virtud y de la ciencia,
Y honran pueblos y reyes su presencia
Rindiendo culto a su triunfal carrera.
La fe en la religión fue su bandera,
Un poema del bien fue su existencia,
Y al difundir de Dios la pura esencia
Fue de la humanidad digna lumbrera.
No borrarán los tiempos su memoria,
La página inmortal quedó ya escrita;
Su nombre, es el compendio de su gloria,
Cual obra de los siglos infinita.
Cuna le dio un vergel con noble anhelo,
Y goza ya su eternidad, el cielo.
Francisco de P. Gras
Ven a mi mente, espíritu divino,
Dame tu luz y tu celeste encanto,
Para espresar lo que mi pecho siente,
Y alzar mi voz, con religioso canto.
Quiero cantar las glorias de Vicente,
Honrar a San Vicente anhelo sólo:
¡Ojalá los acentos de mi lira
Pudieran resonar de polo a polo!
Mas es débil mi voz, no puede tanto;
Sólo sabré decir, Valencia, en este día,
Que al admirar tu luz y hermoso suelo,
Te llama con placer la patria mía.
¡Feliz Valencia! en cuyo rico seno,
Gracias derrama Dios omnipotente,
Y en ellas arrullaste al ángel bello
Que es hoy tu defensor, al gran Vicente.
¿Qué temes con su apoyo, pueblo mío?
¿No es él siempre el consuelo de tus males?,
¿No ves su brazo sosteniendo siempre,
El rigor de las iras celestiales?...
Tú lo recuerdas bien, Valencia amada,
Citando al rodar la colera del cielo,
Las naciones enteras devastando,
Triste cayó tambien en nuestro suelo.
Por doquiera que va, la tierra ofrece
Muerte y horror, desolación y espanto,
Donde imprime su huella aterradora,
No deja al hombre más que luto y llanto.
Nada se opone a su furor violento,
Las familias enteras arrebata,
Hiere lo mismo al niño, que al anciano,
Cuanto toca su mano, tanto mata.
Valencia llora azote tan terrible,
Su cielo puro le oscurece un velo,
Huyen las gentes a remotos climas,
Y hasta las aves se alejan de su suelo.
Agostadas las flores por la tierra,
Sus brillantes colores no lucieron,
Que el maléfico ambiente emponzoñado,
Su cáliz y corola destruyeron.
¡Bella ciudad! ¿qué fue de tu alegría?
¿Quién al verte diría tu belleza?
La ha convertido la cólera divina
En vasto osario, mansión de la tristeza.
Cual aspectros sus hijos por las calles
Miran al cielo, y a Vicente aclaman,
¡Cuánto aviva la fe su dulce nombre!
¡Cuánto consuelo da a los que le llaman!!!
Dame tu luz y tu celeste encanto,
Para espresar lo que mi pecho siente,
Y alzar mi voz, con religioso canto.
Quiero cantar las glorias de Vicente,
Honrar a San Vicente anhelo sólo:
¡Ojalá los acentos de mi lira
Pudieran resonar de polo a polo!
Mas es débil mi voz, no puede tanto;
Sólo sabré decir, Valencia, en este día,
Que al admirar tu luz y hermoso suelo,
Te llama con placer la patria mía.
¡Feliz Valencia! en cuyo rico seno,
Gracias derrama Dios omnipotente,
Y en ellas arrullaste al ángel bello
Que es hoy tu defensor, al gran Vicente.
¿Qué temes con su apoyo, pueblo mío?
¿No es él siempre el consuelo de tus males?,
¿No ves su brazo sosteniendo siempre,
El rigor de las iras celestiales?...
Tú lo recuerdas bien, Valencia amada,
Citando al rodar la colera del cielo,
Las naciones enteras devastando,
Triste cayó tambien en nuestro suelo.
Por doquiera que va, la tierra ofrece
Muerte y horror, desolación y espanto,
Donde imprime su huella aterradora,
No deja al hombre más que luto y llanto.
Nada se opone a su furor violento,
Las familias enteras arrebata,
Hiere lo mismo al niño, que al anciano,
Cuanto toca su mano, tanto mata.
Valencia llora azote tan terrible,
Su cielo puro le oscurece un velo,
Huyen las gentes a remotos climas,
Y hasta las aves se alejan de su suelo.
Agostadas las flores por la tierra,
Sus brillantes colores no lucieron,
Que el maléfico ambiente emponzoñado,
Su cáliz y corola destruyeron.
¡Bella ciudad! ¿qué fue de tu alegría?
¿Quién al verte diría tu belleza?
La ha convertido la cólera divina
En vasto osario, mansión de la tristeza.
Cual aspectros sus hijos por las calles
Miran al cielo, y a Vicente aclaman,
¡Cuánto aviva la fe su dulce nombre!
¡Cuánto consuelo da a los que le llaman!!!
Llora el enfermo padre, al ver sus hijos
Que ya a dejar en la orfandad postrados.
¿Quién guiará sus corazones tiernos?
¿Quién velará por esos desgraciados?
Vicente sólo es su feliz consuelo,
Pues recuerda el asilo
Que el Santo acogió con fe tan grande,
A éstos que fueron prendas de su amor.
Llora la viuda, al par de joven madre,
En cuyo seno el hijo sonreía,
De él le arranca la muerte inexorable
Y cubre tanto amor la losa fría.
Otro hijo de nuevo le amenaza
Arrebatar la parca en su inclemencia,
Acude al arte, apura sus recursos,
Y vencida se ve la pobre ciencia
¿Quién consuelo dará a esta desgraciada?
¿Qué socorro dará a su hijo amado?
Acude al manantial de San Vicente
Y por la fe, su hijo ve salvado.
¡Eterna gratitud a San Vicente!
¡Eterna gratitud a sus favores!
Corramos a sus plantas, valencianos,
Llevando de la paz las ricas flores
¡Oh! si correr pudiéramos el velo
Que impide ver a Dios omnipotente
Junto al escelso trono soberano,
Radiando gloria veriáis a Vicente.
Él comprende muy bien los corazones,
Y en ellos vierte su cariño tierno,
Y vela desde allí sobre nosotros,
Y ofrece nuestras preces al Eterno.
¡Honor al sacro Apóstol valenciano!
Oiga el orbe su nombre en este día,
Y gentes y naciones venideras
Lo repitan con júbilo a porfía
En su amor, nos mecieron nuestros padres;
En él nuestra esperanza conocemos,
Y a nuestros caros hijos por herencia
Esa piedad y fe les legaremos.
Vicenta Palavicino de Correa.
Que ya a dejar en la orfandad postrados.
¿Quién guiará sus corazones tiernos?
¿Quién velará por esos desgraciados?
Vicente sólo es su feliz consuelo,
Pues recuerda el asilo
Que el Santo acogió con fe tan grande,
A éstos que fueron prendas de su amor.
Llora la viuda, al par de joven madre,
En cuyo seno el hijo sonreía,
De él le arranca la muerte inexorable
Y cubre tanto amor la losa fría.
Otro hijo de nuevo le amenaza
Arrebatar la parca en su inclemencia,
Acude al arte, apura sus recursos,
Y vencida se ve la pobre ciencia
¿Quién consuelo dará a esta desgraciada?
¿Qué socorro dará a su hijo amado?
Acude al manantial de San Vicente
Y por la fe, su hijo ve salvado.
¡Eterna gratitud a San Vicente!
¡Eterna gratitud a sus favores!
Corramos a sus plantas, valencianos,
Llevando de la paz las ricas flores
¡Oh! si correr pudiéramos el velo
Que impide ver a Dios omnipotente
Junto al escelso trono soberano,
Radiando gloria veriáis a Vicente.
Él comprende muy bien los corazones,
Y en ellos vierte su cariño tierno,
Y vela desde allí sobre nosotros,
Y ofrece nuestras preces al Eterno.
¡Honor al sacro Apóstol valenciano!
Oiga el orbe su nombre en este día,
Y gentes y naciones venideras
Lo repitan con júbilo a porfía
En su amor, nos mecieron nuestros padres;
En él nuestra esperanza conocemos,
Y a nuestros caros hijos por herencia
Esa piedad y fe les legaremos.
Vicenta Palavicino de Correa.
